Manual del Curso de Patron de Yate de Vela y Motor
San Isidro, Argentina
CVPB - Jorge Messano
19-Abr-2026
31 minutos
Capítulo 02: Los Cuatro Problemas de la Navegación
El Problema de la Posición: Las Herramientas de Trabajo
Introducción
En navegación, el llamado problema de la posición consiste en estimar, con la mayor exactitud posible, dónde se encuentra la embarcación en un momento dado o determinar las coordenadas de un punto notable u otro punto de interés.
Aunque hoy la tecnología nos permite obtener posiciones de manera automática y confiable, el navegante —por quien define y controla los parámetros de la navegación— sigue dependiendo de métodos tradicionales y observaciones directas, tanto para verificar la información entregada por los dispositivos electrónicos, como para poder realizar el trabajo de navegación cuando esos dispositivos ya no están disponibles.
La gran desventaja de los dispositivos electrónicos es que necesitan energía para trabajar.
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Y cuando las baterías se agotan, son los viejos métodos tradicionales los que permiten seguir controlando la navegación.
A eso se refiere el autor cuando menciona que los dispositivos electrónicos podrían "no estar disponibles".
Y esto no es una eventualidad improbable. Los que navegamos hemos escuchado más de una vez, mensajes emitidos por radio por otros navegantes, que cancelan su navegación o piden ayuda para definir su posición, debido a que el GPS o el chartplotter se ha quedado sin baterías.
Además de las coordenadas —de las cuales ya hemos hablado– y de los métodos de posicionamiento, que transforman observaciones en líneas o puntos de posición, el trabajo del navegante requiere de una serie de instrumentos y herramientas, cuyo propósito es obtener esas observaciones.
En este artículo abordaremos el inventario de esos instrumentos, esenciales para realizar el trabajo de navegación clásica y plenamente vigentes como herramientas para resolver el posicionamiento.
La Pinula
La pínula —también llamada compás de marcaciones— es un compás de mano asociado a un elemento óptico que permite apuntar a un punto notable y obtener su marcación magnética.
Aunque aún no se ha definido formalmente el término marcación, adelantemos una idea básica para facilitar la lectura.
Una marcación es el ángulo horizontal que, medido desde el Norte magnético —la pínula es un instrumento magnético— se toma hacia un determinado punto que el observador tiene a la vista, como un faro, un edificio o una boya, por ejemplo.
Ese ángulo luego se utiliza para determinar la posición del buque en la carta.
Existen distintos tipos de pínulas:
Por un lado, están las pínulas simples y tradicionales, de tipo mecánico. Su construcción es similar a la de un compás portátil al que se le agrega un ocular o fiel que permite alinear la visual con el punto a medir. La precisión de la marcación dependerá de la graduación del instrumento —idealmente, en escalas de a un grado— y de su estabilidad frente al movimiento del barco.
También existen versiones más sofisticadas, donde la electrónica mejora la precisión tanto del apuntamiento como del registro automático de la marcación. Dentro de estas se destacan los binoculares con pínula integrada, que permiten tomar marcaciones más precisas a objetos lejanos gracias al aumento óptico del binocular.
Finalmente, hoy existen aplicaciones móviles que permiten tomar marcaciones combinando el zoom de la cámara con el compás interno del dispositivo. Su ventaja es que registran automáticamente la marcación y su contexto —dando inclusive la opción de convertirla automáticamente a una marcación verdadera— evitando la necesidad de anotarla manualmente y reduciendo el riesgo de error.
Buenas Prácticas en el Uso de la Pínula
En cuanto a la técnica de uso de la pínula, la buena práctica marinera indica que toda marcación —como cualquier otra línea de posición— debe registrarse junto con la hora exacta en que fue tomada —al menos hora y minuto—. Este dato es fundamental para poder estimar correctamente la posición en el tiempo y reducir el margen de error al trazarla posteriormente en la carta.
Al tomar varias marcaciones consecutivas, conviene comenzar por aquellas cuyos ángulos sean menos sensibles al avance de la embarcación. En general, las marcaciones a puntos situados a proa o a popa varían muy poco mientras el barco avanza manteniendo el rumbo. En cambio, las marcaciones a puntos ubicados en los traveses cambian rápidamente a medida que el buque se desplaza. Siguiendo este orden de trabajo, se minimiza la diferencia temporal entre el momento en el que se tomaron las marcaciones y el instante en que se estima la posición sobre la carta.
En cuanto a su tratamiento, y si bien la pínula es un instrumento relativamente simple, requiere ciertos cuidados para asegurar su precisión y prolongar su vida útil. En primer lugar, debe evitarse que su compás quede expuesto durante períodos prolongados a fuentes de magnetismo —parlantes, motores eléctricos, por ejemplo— ya que esto podría afectar sus componentes magnéticos.
La pínula debe guardarse en un estuche rígido, protegida de golpes y vibraciones. Si posee elementos ópticos, como mirillas, oculares o un fiel con ranuras, conviene cubrirlos para evitar rayaduras o la acumulación de polvo y salitre del ambiente marino.
El Taxímetro
El taxímetro es el instrumento apropiado para tomar demoras.
Como también falta definir la demora, le anticipo de que se trata.
La demora es también un ángulo horizontal que se mide hacia un punto notable u otro punto o elemento de interés, como otro barco, pero que, en lugar de medirse desde el Norte, se mide desde la proa o línea de crujía del barco.
El taxímetro de demoras es un dispositivo muy simple. Consiste en un plato circular que porta una Rosa de los Vientos, cuyo cero —es decir, el Norte de la rosa de direcciones— está alineado con el plano de crujía de la embarcación, y una alilada u ocular que se puede orientar sobre la rosa para apuntar al punto al cual se le tomará la demora.
Buenas Prácticas en el Uso del Taxímetro
En cuanto a la técnica de uso del taxímetro, se aplican las mismas prácticas recomendadas para la pínula.
Las demoras deben registrarse siempre junto con la hora exacta en que fueron tomadas y, como regla práctica, conviene comenzar por las demoras de los puntos notables o de interés cuya lectura tenga menor variación respecto al movimiento de avance del barco, reduciendo así la diferencia temporal entre la observación y su trazado en la carta.
En la náutica deportiva actual, especialmente en veleros pequeños y medianos, no es habitual encontrar un taxímetro de demoras a bordo.
No es un instrumento tan difundido, pues es más común tomar marcaciones que demoras.
Y cuando se toman demoras para prevenir abordajes —hablaremos de eso cuando veamos el "Reglamento Internacional para la Prevención de Abordajes"— se lo hace de forma más simple y dinámica.
El Sextante
El sextante es un instrumento que permite medir ángulos verticales entre un astro —el Sol, la Luna, los planetas y estrellas— u objeto elevado y el horizonte, así como ángulos horizontales entre dos puntos notables mediante el método de doble reflexión.
Componentes del Sextante
El "ocular" es el elemento que permite al observador visualizar el horizonte junto con el astro al cual desea medir su altura —el Sol en el caso de la imagen que acompaña este texto—. El ocular, que suele tener un ajuste de dioptrías para facilitar la visión, está a su vez sujeto a la estructura del sextante, al igual que el "espejo de horizonte", con el cual debe estar perfectamente alineado. Una mitad del espejo fijo es transparente, y por ella el observador debe alinear el sextante con el horizonte mirando a través del ocular; la otra mitad es espejada, y tiene como objeto reflejar hacia el ocular, en una imagen partida, lo que el "espejo móvil" está recibiendo.
Ese otro espejo, el móvil, está sujeto al extremo de un brazo denominado "alilada" cuya parte inferior termina em una "corredera" que se desliza sobre una escala graduada en grados y minutos de arco, ubicada sobre el "limbo". La corredera tiene una además una pequeña ventana con un "fiel" que deja leer el valor angular en el que ha quedado posicionado el sextante una vez que se finalizó una tarea de medición.
La corredera tiene un par de gatillos que, presionándolos, permite moverla libremente hacia adelante y atrás. Ese movimiento inclina al mismo tiempo la alilada y el espejo móvil de su extremo superior —de allí su nombre—, lo cual cambia el ángulo de incidencia de un espejo sobre el otro. El "tornillo micrométrico" del extremo de la corredera permite hacer un ajuste más fino del movimiento del espejo.
Cada espejo tiene por delante una serie de "filtros" compuestos de cristales que filtran distintas frecuencias de color, destinados a proteger los ojos de los rayos directos del Sol y los reflejos sobre el agua.
Ajuste y Error Instrumental
Antes de comenzar a tomar mediciones con el sextante es necesario efectuar su ajuste y verificar luego su "error instrumental".
El ajuste del sextante se realiza para alinear el ocular con el espejo fijo, y para lograr a su vez un paralelismo perfecto entre el espejo fijo y el móvil. Si bien la forma de ajustar cada sextante depende obviamente de su marca y modelo, puede explicarse un proceso común que servirá de guía para todos los casos.
La alineación de los espejos se efectúa manipulando los "tornillos" que sujetan cada espejo en sus esquinas; cada vuelta que se da a esos tornillos inclina el plano del espejo hacia un lado u otro sobre su eje. Para comprobar el ajuste del instrumento, lleve la línea de fiel de la corredera a 0º 00’, apunte el ocular hacia algún objeto distante. Si el sextante está correctamente ajustado, la imagen directa del objeto se sobrepondrá perfectamente sobre la imagen reflejada, sin "fantasmas" en los bordes. Si esto no ocurre, deberá operar entonces los tornillos para corregir la inclinación o el paralelismo de los espejos, según corresponda.
¡Atención!
Si nunca hizo este ajuste, ahórrese pérdidas de tiempo… consulte el manual del sextante y recién después de eso póngase a jugar con los tornillos.
El "error instrumental", conocido por sus siglas "Ei", determina la eventual y pequeña diferencia que puede haber quedado al intentar alinear los espejos del sextante.
El error instrumental del sextante puede verificarse apuntando al horizonte con el fiel establecido en la marca de 0º 00’, y girar luego el tambor micrométrico hasta que las dos imágenes del horizonte formen una única línea. El ángulo que quede medido en la línea de fe luego de haber logrado esto será entonces el valor del error instrumental.
Modo de Operación
Para, por ejemplo, tomar la altura al Sol, el observador debe primero tomar el sextante por su manija, con la mano derecha, con el ocular hacia su lado. Luego debe colocar el fiel de la corredera en la marca de 0º 00’ —o el valor inicial que corresponda al "error instrumental" del instrumento— lo cual hará que la imagen que refleje el espejo móvil, coincida con la que se está viendo por el ocular, a través del espejo fijo.
Cumplido ese paso, conviene probar que filtros se adaptan mejor para reducir la intensidad de la luz del Sol sobre el espejo móvil, y los reflejos en el agua sobre el espejo de horizonte.
El paso siguiente consiste en mirar al Sol, tratando de centrarlo en el ocular del sextante —comprobando nuevamente que los filtros colocados son suficientes para proteger el ojo con el que se está trabajando—.
Luego, con la mano izquierda deben presionarse los gatillos de la corredera, para liberarla, y comenzar a desplazarla lentamente hacia adelante. Ese movimiento provocará que la imagen del Sol en el espejo comience a moverse hacia arriba, con lo cual, para mantenerla en el ocular, debe empezar a inclinarse el sextante hacia abajo.
Eso quiere decir que, para que la imagen del astro se mantenga en el ocular, ambos movimientos: el desplazamiento de la corredera y la inclinación del sextante deben hacerse en simultaneo y acompasadamente.
Las primeras veces, conviene hacer estos pasos lentamente... muy lentamente... hasta acostumbrarse para no perder la imagen del Sol o el astro con el que se esté trabajando.
A medida que se vaya bajando el sextante, el horizonte aparecerá en la mitad transparente del espejo fijo.
En ese momento conviene soltar los gatillos de la corredera, y continuar el ajuste con el tornillo micrométrico, hasta lograr que unos de los bordes del Sol —el inferior o el superior& coincida con el horizonte.
En ese punto es recomendable verificar que efectivamente se ha logrado hacer coincidir el borde del astro con el horizonte, inclinando slgunos grados el sextante hacia la derecha y la izquierda. Esto hará que la imagen del Sol se mueva a un lado y otro en el espejo. SI la imagen toca tangencialmente el horizonte, sin sobrepasarlo, querrá decir que el proceso de "bajar el Sol" se lo ha hecho correctamente.
El último paso consiste en leer en la ventana de la corredera, el valor angular —grados y minutos— marcado por el fiel del sextante, y anotarlo junto con la hora exacta de la lectura —hora, minutos y segundos— y a que borde del Sol: superior o inferior, fue tomada.
Buenas Prácticas en el Uso del Sextante
Antes de usar el sextante —especialmente si ha pasado tiempo sin manipulárselo— conviene comprobar el paralelismo entre sus espejos, es decir, verificar si existe alguna variación en el "error instrumental".
En cuanto a su tratamiento y cuidado, antes de utilizarlo y de guardarlo, limpie los espejos y la lente del ocular utilizando paños suaves. No deben utilizarse productos abrasivos; si es necesario, pueden usarse soluciones específicas para ópticas. Evite tocar los espejos con los dedos, pues las grasas naturales dejan huellas que deterioran la reflectividad.
No deje el instrumento expuesto al Sol directo durante mucho tiempo, más aún si se trata de un sextante de materiales plásticos, pues el calor excesivo puede generar dilataciones que alteran la calibración.
Guarde y transporte siempre el sextante en su estuche rígido, para evitar el riesgo de que sufra golpes.
El sextante, tal como lo conocemos hoy, surgió a mediados del siglo XVIII como una evolución del octante, desarrollado a principios del mismo siglo, precedido por el cuadrante y el astrolabio.
El octante era muy similar al sextante, pero solo permitía tomar ángulos de hasta 45º —es decir, la octava parte de 360º, de allí el nombre de "octante"—. Su uso llevó rápidamente a reconocer sus limitaciones para observaciones de mayor altura, especialmente necesarias en latitudes bajar, próximas al ecuador.
Para solucionarlo, hacia 1757 Charles Bird —británico— construyó el primer instrumento con un arco que cubría 60º —un sexto de círculo— lo que permitía medir ángulos de hasta 120º, dando nacimiento así al sextante.
Para fines del siglo XVIII, el sextante ya era el instrumento estándar para navegación astronómica en prácticamente todas las marinas que hacían navegación más allá de la vista de la costa, desplazando al octante en la mayoría de las funciones.
Actualmente, y a pesar de la gran adopción que han tenido los GPS, continúa siendo un instrumento fundamental en la formación náutica y como herramienta de respaldo, especialmente en navegación oceánica, debido a su fiabilidad sin depender de sistemas electrónicos.
El Almanaque Náutico
El Almanaque Náutico es una publicación técnica, fundamental para la navegación astronómica. Se trata de un compendio anual de datos astronómicos —las efemérides— que permiten determinar la posición de un buque en el mar mediante la observación de astros como el Sol, la Luna, los planetas y determinadas estrellas.
El Almanaque Náutico tiene una validez temporal limitada, normalmente de un año calendario, ya que las posiciones de los astros cambian continuamente y requieren cálculos actualizados. Sin embargo, dentro de ese período, los datos son extremadamente precisos y están ajustados a estándares internacionales.
En Argentina, el Almanaque Náutico es publicado anualmente por el Servicio de Hidrografía Naval con la identificación H-225—. La sección principal de esta publicación está enteramente dedicada a informar las efemérides de los astros, y las siguientes contienen otras tablas y datos de ayuda para el trabajo del navegante, tales como tablas de interpolación rápida de valores, o de corrección de refracción y paralaje, entre otras.
Los orígenes del Almanaque Náutico se remontan al desarrollo de la navegación astronómica en los siglos XVII y XVIII, cuando las potencias marítimas europeas buscaban resolver el problema de la determinación de la longitud en el mar. Un hito clave fue la publicación, en 1767, del primer Nautical Almanac and Astronomical Ephemeris, impulsado por el astrónomo británico Nevil Maskelyne, quien era entonces Astrónomo Real del Reino Unido.
Este almanaque introdujo tablas sistemáticas de distancias lunares, que permitían calcular la longitud comparando la posición de la Luna respecto de las estrellas. Durante décadas, este método fue una de las principales herramientas de navegación de altura, complementando el desarrollo del cronómetro marino.
Con el avance de la astronomía, la mejora en los instrumentos de medición y la aparición de métodos más precisos, el contenido del almanaque fue evolucionando hacia el formato actual, centrado en datos directos para el cálculo de posiciones mediante observaciones de altura de astros.
En esencia, el Almanaque Náutico proporciona, para cada hora del año —normalmente en Tiempo Universal Corregido - UTC— las coordenadas ecuatoriales de declinación y ángulo horario referidas al ecuador celeste y al meridiano de Greenwich, respectivamente, junto con una serie de correcciones, que permiten definir la posición en la esfera celeste del Sol, la Luna, los planetas y el primer punto de Aries —referencia para resolver la posición de unas 64 estrellas, incluida Polaris—
Además, se informan las horas de la salida y puesta del Sol y las franjas horarias de los crepúsculos náuticos para diferentes latitudes, datos necesarios para definir el "momento propicio" —ventana horaria adecuada para tomar las alturas angulares de los planetas y las estrellas con respecto al horizonte, mientras este es visible—.
Las Coordenadas Ecuatoriales
Se las denomina coordenadas ecuatoriales porque están referidas a la proyección del plano del ecuador en la esfera celeste, al cual se lo denomina entonces ecuador celeste.
Se las conoce también como coordenadas horarias ya que debido a la relación entre los husos horarios y los meridianos —como ya lo explicamos, un huso horario es igual a 015º de arco ecuatorial— pueden convertirse a su expresión horaria.
Esas coordenadas ecuatoriales son las siguientes:
Ángulo Horario
El ángulo horario es el arco de ecuador, medido desde el meridiano de referencia —el del observador o el de Greenwich, según corresponda— y el meridiano en el que se encuentra el astro con el que se está trabajando: el Sol, la Luna, un planeta o una estrella.
Se lo mide en sentido horario a partir del meridiano de referencia, y toma valores entre 000º y 360º o entre 00:00 hs y 24:00 hs, permitiendo establecer la siguiente igualdad:
| 01:00 hs | = 015º |
| 1 huso horario | = 015º |
Se lo simboliza con la sigla "ahG" cuando se trata del ángulo horario medido desde el meridiano de Greenwich, o con la sigla "ahL" cuando refiere al ángulo horario medido desde el meridiano local o del observador.
Declinación
La declinación es el arco del meridiano del astro con el que se está trabajando: el Sol, la Luna, un planeta o una estrella, medida desde el ecuador celeste hacia los polos, hasta alcanzar el centro del astro en cuestión.
Toma valores entre 0º y 90º, siendo por convención positivos hacia el Norte y negativos hacia el Sur.
Se lo simboliza con la letra griega "δ" —delta minúscula—.
El Cronómetro Marino
El cronómetro marino es un reloj de precisión utilizado en la navegación astronómica, diseñado específicamente para soportar las condiciones del ambiente náutico: humedad, cambios bruscos de temperatura y el movimiento constante de la embarcación.
Su función en la navegación astronómica es crítica, pues debe entregar la hora exacta —idealmente, en 0iempo Universal Corregido - UTC—, dato sin el cual la reducción de una altura celeste carece de sentido.
Le doy un dato interesante respecto de la precisión que debe tener el cronómetro marino, o el reloj que se use en su lugar, y el usuario que toma la hora de la medición.
Un error de apenas cuatro segundos en la lectura de la hora se traduce en un error de aproximadamente una milla náutica en la posición calculada.
Históricamente, el cronómetro marino fue uno de los instrumentos más costosos y delicados a bordo. Se guardaba en una caja de madera con un sistema cardánico para mantenerlo siempre horizontal., y se lo comparaba periódicamente con señales horarias radiotelegráficas para controlar su marcha. Conocer y registrar el error del cronómetro y su variación diaria, era parte rutinaria del trabajo del navegante.
El Reemplazo Moderno: El Reloj Digital
Hoy en día, cualquier reloj digital de buena calidad, o que sincronice su hora por señal GPS, o inclusive las aplicaciones de reloj de los dispositivos móviles, que sincronizan su hora con la de la red —qué, a su vez, está sincronizada vía GPS— ofrecen una precisión muy superior a la de los mejores cronómetros mecánicos históricos, con errores del orden de fracciones de segundo. Para la navegación astronómica deportiva y recreativa, esto es más que suficiente.
La recomendación práctica es sencilla: un buen reloj de pulsera digital con sincronización GPS, o simplemente un teléfono celular con la hora sincronizada por red, cumple perfectamente la función del cronómetro marino. La única diferencia, es que estos dispositivos darán la hora ajustada al huso horario local, con lo cual habrá que tener presente cuál es ese huso horario al momento de realizar el proceso de posicionamiento, para convertirla a UTC —Tiempo Universal Corregido—.
La redundancia es una buena práctica.
Es por eso que muchos navegantes de altura llevan además un reloj de reserva, precisamente porque en navegación astronómica la hora es tan irremplazable como el propio sextante.
La historia detrás del cronómetro marino es muy interesante.
Durante siglos, la navegación oceánica tuvo un talón de Aquiles importante: si bien era posible calcular la latitud con precisión razonable, el cálculo de la longitud era bastante más difícil e impreciso. Tan grave era el asunto, que los navegantes cruzaban los océanos con un grado tal de incertidumbre, que se pagó con innumerables naufragios y vidas.
Uno de esos eventos fue en realidad una catástrofe. Sucedió que, en la noche del 22 de octubre de 1707, varios buques de la flota del almirante Sir Clowdisley Shovel, de la Royal Navy, que regresaban victoriosos luego de una campaña en el Mediterráneo, se llevan por delante los primeros islotes del archipiélago de las Islas de Scilly, al Suroeste de Gran Bretaña, con la pérdida de más de 2.000 marineros, incluido el propio Shovel. La causa fue que habían estado navegando debajo de tormentas y en medio de nieblas durante algunos días, sin poder calcular bien la posición.
Ante tal desastre, y luego de años de discusiones intentando encontrar una solución, el Parlamento británico creó en 1714 la Junta de la Longitud y ofreció el célebre Premio de la Longitud que ofrecía hasta £20.000 —una fortuna para la época— a quien demostrara un método práctico para determinar la longitud en el mar con un error menor a media grado.
El desafío atrajo dos escuelas de pensamiento.
Por un lado, estaban los astrónomos, encabezados por Nevil Maskelyne, defendían el "Método del Tránsito lunar" que resolvía el problema de la longitud midiendo la posición de la Luna respecto a las estrellas, un procedimiento enormemente complejo, que llevaba horas de cálculos hasta obtener un resultado. Maskelyne, nombrado Astrónomo Real en 1765, era además el responsable oficial de evaluar los métodos presentados al premio, lo que lo colocaba claramente en una posición de poder sobre los demás competidores.
Y, por otro lado, estaban los que trabajaban la idea llevar a bordo la hora del meridiano de referencia de Greenwich. De esta forma, sabiendo la hora del mediodía de Greenwich, podía luego observarse que hora mostraba el reloj cuando el Sol cruzara el meridiano del observador, en su mediodía, en cualquier lugar del mundo, y luego con la diferencia horaria, calcular la longitud en base a que cada huso horario abarca 15º de longitud. Es decir, una simple observación de la hora en el reloj, y un cálculo de regla de tres simple, resolvía el problema. El asunto es que los relojes de péndulo, que era la tecnología de la época, fallaban a bordo de los barcos en cuanto estos empezaban a moverse... los péndulos se descontrolaban.
Dentro de esta línea de pensamiento, un tal John Harrison, un carpintero y relojero autodidacta de Yorkshire se presentó frente a la Junta de la Longitud con un reloj basado en resortes, en lugar de un péndulo, que adema de ser preciso, podía sobrevivir a las condiciones del mar.
Allí comenzó la batalla tecnológica entre Maskelyne y Harrison, que duró décadas.
El primer cronómetro que Harrison presentó fue el "H1", que era un artefacto enorme, de un metro de lado. Luego, durante los siguientes diez años, Harrison fue mejorando su diseño presentado otros tres modelos, designados "H2", "H3" y, finalmente, el "H4", cada uno más refinado que el anterior. El "H4", terminado en 1759, ya era un reloj que cabía perfectamente en un bolsillo de un abrigo de cualquier marino, pues medía poco menos de 13 centímetros de diámetro.
En una travesía de prueba a Jamaica en 1761, el "H4" acumuló un error de apenas 5,1 segundos en 81 días de navegación: una precisión sin precedentes. Y el cálculo de la longitud podía ser resuelto por un contramaestre sin mayor preparación en siete minutos —obviamente, con papel y lápiz, no existían calculadoras aún—.
A pesar de ese resultado extraordinario, Maskelyne —como evaluador oficial— cuestionó repetidamente las pruebas y demoró el reconocimiento durante años. Harrison, ya anciano, no recibió la compensación completa hasta 1773, tras la intervención directa del rey Jorge III. Nunca se le otorgó formalmente el Premio de la Longitud.
Las Star Finder Charts
Las "Star Finder charts" —o Cartas Localizadoras de Estrellas, en español— son herramientas gráficas utilizadas en navegación astronómica para **identificar rápidamente las estrellas visibles en el cielo en un momento y lugar determinados. Su función es facilitar la selección y reconocimiento de los astros que luego se emplearán para obtener líneas de posición con el sextante.
En términos prácticos, "Star Finder" consiste en un conjunto de cartas y plantillas superpuestas, a menudo transparentes o rotatorias, que representan la bóveda celeste en proyección polar. Mediante la combinación de estas plantillas —ajustadas según la latitud del observador y la hora sideral local— el navegante puede reconstruir el aspecto del cielo en ese instante, pudiendo saber qué estrellas están sobre el horizonte y en qué dirección aproximada se encuentran.
Entre las características más importantes de estas cartas se destacan:
Las Star Finder están compuestas por un conjunto de "charts" o plantillas que muestran el cielo para distintas latitudes, en cada hemisferio.
Muestran solo las estrellas más utilizadas en navegación astronómica, que son entre 50 y 60, seleccionadas por su magnitud —intensidad de brillo— y distribución en el cielo.
Permiten elaborar con rapidez, de forma simple y visual —sin necesidad de realizar cálculos— el plan de observación y lectura de altura de estrellas, a ser utilizadas en el proceso de estima de la posición en navegación astronómica.
Las "Star Finder charts" surgieron como una evolución de los atlas estelares clásicos, adaptados específicamente a las necesidades del navegante.
Un ejemplo muy difundido es el "HO 2102-D Star Finder and Identifier", desarrollado por el United States Naval Observatory, que sigue siendo ampliamente utilizado tanto en la navegación marítima como aérea.
El Libro de Bitácora
Un libro de bitácora es el registro oficial y cronológico de todo lo que ocurre a bordo de una embarcación durante la navegación.
Si bien no parece un "instrumento", el libro de bitácora es en realidad un complemento de todos los otros instrumentos del barco, pues opera como la memoria de ellos y de los sucesos a bordo, al registrar de manera ordenada la evolución del viaje, las decisiones del capitán y los eventos relevantes.
En cuanto a su formato, el libro de bitácora tradicional es un libro, cuaderno o carpeta física, con páginas numeradas y, en muchos casos, con columnas predefinidas para facilitar el registro de datos. Aunque hoy existen diversas aplicaciones digitales que permiten llevar una bitácora electrónica —incluso con integración a GPS y sistemas de navegación— el formato en papel sigue siendo el más recomendado. Esto se debe a su fiabilidad, pues no depende de baterías ni sistemas electrónicos, y a que en numerosos países su uso es obligatorio o preferido por las autoridades marítimas, especialmente en embarcaciones comerciales o de mayor porte. Además, un libro físico bien mantenido tiene valor probatorio ante eventuales inspecciones, incidentes o investigaciones.
Respecto a los datos que se anotan, el contenido puede variar según el tipo de navegación y la normativa aplicable, pero generalmente incluye:
Fecha y hora, en tiempo local o UTC.
Posición de la embarcación, anotando latitud y longitud, o referencias relativas tales como, por ejemplo, un puerto o fondeadero donde está el barco.
Cuando se han tomado observaciones para establecer la posición, conviene anotarlas como información de contexto y soporte de la posición informada.
Rumbo y velocidad.
Condiciones meteorológicas: viento, estado de las aguas, visibilidad, presión atmosférica y temperatura, entre otros parámetros.
Maniobras realizadas: cambios de rumbo, fondeo, amarre, zarpes y arribos.
Eventos relevantes: fallas mecánicas, comunicaciones importantes, avistajes, incidentes.
Consumo de combustible y estado de equipos.
Consumo de víveres y agua potable.
Registro de los tripulantes y pasajeros que embarcan y desembarcan, como así también los nombres del personal de guardia o responsables en cada turno.
En relación con **el momento de las anotaciones**, estas se realizan de forma periódica y sistemática. En navegación, es habitual registrar datos a intervalos regulares —por ejemplo, cada hora— y también cada vez que ocurre un hecho significativo como, por ejemplo, un cambio de rumbo, una variación importante de las condiciones meteorológicas, una maniobra o cualquier situación fuera de lo normal. La constancia y la precisión en estas anotaciones son clave para que la información sea útil.
Finalmente, la importancia del libro de bitácora es múltiple. Desde el punto de vista operativo, permite reconstruir la navegación realizada, facilitando el análisis de decisiones y la planificación futura. En términos de seguridad, es una herramienta crítica para entender lo sucedido en caso de emergencia o accidente. Además, tiene valor legal: puede ser requerido por autoridades marítimas, aseguradoras o tribunales como prueba documental. Por último, también cumple una función histórica y técnica, ya que conserva la memoria detallada de cada travesía.
En un mundo, en el que cuando salimos a navegar, ya hay más GPS a bordo que cantidad de tripulantes, igualmente conviene que repasemos el uso de estos instrumentos: la pínula, el sextante y, aunque no se lo use tanto en la navegación recreativa, también el taxímetro.
Estos son instrumentos simples en su concepción, pero capaces de proporcionar, con la técnica adecuada, la información angular necesaria para determinar una posición suficientemente precisa... y su valoración aumenta astronómicamente cuando las baterías de los instrumentos electrónicos se han agotado.
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En las próximas notas trabajaremos en la resolución del problema de la posición integrando estos instrumentos en los diferentes casos de uso que utilizaremos para desarrollar los ejemplos.
Fuentes
Este texto forma parte del Manual de Instrucción del Curso de Patrón de Yate de Vela y Motor de la Escuela de Náutica del Club de Veleros Piedrabuena.
ISBN 978-987-88-1913-6
Reproducido con autorización del autor.
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